Historia de la Arquitectura - Elementos, Materiales y Tecnicas de construccion

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Arquitectura. Arte o ciencia de proyectar y construir edificios perdurables. Sigue determinadas reglas, con objeto de crear obras adecuadas a su propósito, agradables a la vista y capaces de provocar un placer estético....

 
Instrumentos

La arquitectura cuenta con diferentes tecnologías que pueden darse aisladas o bien combinadas. Como decíamos antes, existe una arquitectura en madera, posiblemente una de las más antiguas, con una gran variedad de envigados, entramados y armaduras de cubierta, de la que tenemos muy buenos ejemplos en las construcciones orientales, en los templos chinos y japoneses de múltiples pisos; la textil, con el uso de cuerdas, estores, alfombras y entoldados; la de tapia, de fango o tierra sin cocer; la latericia o de piezas de alfarería, como el ladrillo, con estructuras típicas como son los arcos, las bóvedas, los tabiques, etc. que dio lugar a las magníficas construcciones del Próximo Oriente, donde nació el sistema de construcción abovedado; la pétrea, una de las más comunes en Occidente y tal vez la más conocida por nosotros, con sus diversos aparejos y su estereotomía; la metálica, de fundición, laminados o planchas, con sus sistemas de entramados y, entre las más modernas, la de hormigón, con toda una tecnología derivada de los encofrados, y la de plástico.
Los instrumentos o herramientas a utilizar en cada momento dependerán, obviamente, de la técnica constructiva a la que tengan que auxiliar y por ser demasiado prolija aquí su enumeración, haremos mención de algunos de ellos al tratar de los correspondientes materiales.

Materiales

El material es considerado en función de su utilidad y esto deriva de las cualidades que aquél ofrece: plasticidad o propiedad de la materia que le permite adoptar una forma y conservarla, y resistencia u oposición activa del material a la acción del artista. El grado de plasticidad y el de resistencia varían de un material a otro. Así, por ejemplo, la resistencia de la madera es menor que la del mármol. Decimos de esta resistencia que es activa desde el momento en que manifiesta sus virtudes y, en cierta medida, impone su carácter al artista. De este modo, artista y materia -aquello a través de lo cual la forma se hace sensible- son artífices protagonistas en un grado de igualdad. Podemos hablar también de una cierta «simpatía» de los materiales o de cómo actúan sobre nosotros y nos transmiten estados de ánimo diferentes; así decimos que la madera es cálida y que el mármol es frío. En cualquier caso, en el arte y, en consecuencia, en la arquitectura, la materia no queda reducida a ser únicamente el soporte de una determinada forma. Potente y dócil a la vez, ofrece al artífice sus características para que, atendiendo a ellas, extraiga sus mejores posibilidades en su obra, siendo un factor básico a tener en cuenta al analizar aquélla.
El material arquitectónico cumple dos funciones: la constructiva y la ornamental. Tradicionalmente estas funciones han ido ligadas a la habitual clasificación de los materiales en «nobles» (mármol, madera...), que pueden ir vistos, que no precisan revestimiento que los oculte, y los «pobres» (ladrillo, hormigón...) que, a lo largo de la historia del arte, encontramos repetidamente camuflados bajo capas de estuco, mosaicos, ladrillos vidriados o placados de piedra.
Los materiales constructivos pueden ser clasificados según su origen. Así tenemos: 1. Materiales pétreos naturales (piedras de todo tipo); 2. Materiales pétreos artificiales3. Materiales aglomerantes (cales y cementos) y aglomerados (hormigones); 4. Materiales metálicos (hierro, acero...); 5. Materiales orgánicos (madera, corcho...); 6. Materiales plásticos.

La piedra, mineral sólido y duro, de composición variable no metálico, pero que sí puede contener sales y óxidos metálicos, es un material de construcción tradicional utilizado desde tiempos prehistóricos y forma parte de los materiales pétreos naturales. Son adecuadas para la construcción todas aquellas piedras que por sus condiciones de compacidad y dureza son aptas para ser talladas. Existen muchas variedades, siendo las más habituales la arenisca, la berroqueña o granito y la caliza, entre otras. Para trabajarla se usa la maza y el pico de cantero si es blanda, y las cuñas y la sierra si es dura. Cuando está tallada en forma de paralelepípedo o prisma regular se llama sillar, si es pequeña y sólo tiene una o dos de sus caras talladas se denomina sillarejo y si es grande y únicamente está desbastada se la denomina bloque. El modo en que se disponen los sillares para construir un muro o cualquier otra parte de una edificación se conoce con el nombre de aparejo y puede ser de múltiples tipos; a soga, con todos los sillares dispuestos a lo largo, mostrando su lateral, también llamado aparejo de cítara; a tizón, cuando los sillares del paramento se colocan con su dimensión mayor perpendicular al paramento, llamado asimismo aparejo de llaves; inglés, aquel en que los sillares se colocan alternando las hiladas a soga y a tizón, correspondiéndose verticalmente las juntas; belga, sillares dispuestos en hiladas alternas a soga y a tizón, con una hilada intermedia a soga; isódomo, aparejo cuyos sillares son todos iguales y que fue utilizado con frecuencia en la Grecia antigua; pseudoisódomo, se diferencia del anterior porque alterna hiladas de alturas diferentes; poligonal, formado por piedras picadas en forma de polígono irregular; reticular, o aparejo típicamente romano, formado por piedras picadas cuya cara vista es cuadrada, pero colocada de forma vertical, a la manera de un rombo. Se denominó «opus reticulatum», etc.
Entre los materiales pétreos artificiales se cuenta la propiamente denominada piedra artificial, muy usada en la construcción, de propiedades y aspecto análogo a algunas piedras naturales, formando bloques de hormigones compuestos de cemento y arena, gravilla, etc.
El ladrillo, situado también en este grupo, pertenece a la rama de la tejería o de los productos cerámicos que adquieren consistencia por procesos físicos como la cocción. Es una masa de arcilla cocida, en forma de paralelepípedo rectangular, que posee destacadas cualidades de resistencia, rigidez y duración. Existen multitud de variedades, bien sea atendiendo a su composición o a su forma. Entre las primeras podemos citar el ladrillo de cal y arena; el de armado, que incluye viguetas de hormigón; el flotante, de gran ligereza, fabricado con piedra pómez y cal; el refractario, resistente a la acción del fuego gracias a la utilización de arcilla refractaria; el silico-calcáreo, a base de arena y cal; el de vidrio; el esmaltado, etc. Clasificados por su forma podemos citar entre otros el ladrillo agramillado, de aristas vivas y caras rehundidas para alojar el mortero; el de cuña, para arcos, en forma de dovela; el hueco, que lleva en su interior canales prismáticos o cilíndricos; el moldurado, para la construcción de molduras o cornisas, etc.
Si bien el ladrillo ha venido siendo considerado un material modesto, ha demostrado ser, a lo largo de la historia de la arquitectura, un material capaz de afortunados logros tanto a nivel estructural (sistema de arcos y bóvedas) como a nivel decorativo. Ha sido utilizado como material de construcción, sin recubrimientos, en Mesopotamia, en etapas del arte hispano-musulmán (en Andalucía y Aragón), en algunos momentos del Barroco, durante el Modernismo, etc., y como material de recubrimiento, en su versión vidriada, en los grandes imperios del Oriente Próximo.
También el vidrio pertenece al grupo de los materiales pétreos artificiales, según la clasificación de Orus Asso, obteniéndose por la fusión de ciertos óxidos. Algunos tipos de vidrio son el vidrio laminado, el que después de la fusión y el refino se extrae entre dos rodillos formando una cinta continua que, posteriormente, pasa al horno de recocer para su solidificación; vidrio prismático, es el laminado, con una cara lisa y otra formando prismas paralelos; vidrio templado, es aquel que ha pasado por un proceso especial de caldeo y enfriamiento rápido, con lo que aumenta su resistencia a las roturas mecánicas y debidas a cambios de temperatura, etc.

Los materiales aglomerantes son aquellos que tienen la propiedad de adherirse unos a otros y se usan en construcción para unir los materiales, para recubrirlos o bien para formar pastas llamadas morteros u hormigones que pueden extenderse o disponerse en moldes, encofrados, que al secarse adquieren el estado sólido. Entre los más habituales figuran la cal, el cemento, el yeso, etc.
El primer aglomerante utilizado en la historia fue la arcilla y en los países cercanos al Mar Muerto (Asiria, Babilonia...), el betún. La cal, óxido de calcio, es una sustancia que al contacto con el agua se hidrata y que al mezclarla con arena forma la argamasa o mortero. El cemento es un compuesto natural o artificial formado a base de cal cocida y pulverizada.
Mezclando un aglomerante, hoy el cemento, con arena, grava o piedra machacada yagua, se obtiene el hormigón. Para darle forma se utilizan unos moldes de madera o metálicos, encofrados, dentro de los cuales se seca y adquiere las características de un bloque sólido. Estos bloques deben ser incluidos en el grupo de materiales aglomerados, materiales obtenidos por moldeo de una sustancia granulada. El hormigón ya se utilizó en Asia y Egipto. En Grecia existieron acueductos y depósitos de agua hechos con este material, y en Roma se empleó en la construcción de las grandes obras públicas. Antes del descubrimiento del cemento (siglo XIX) se usaban como aglomerantes las cales grasas e hidráulicas. Desde finales del siglo pasado, el hormigón se usa asociado al hierro, denominándose hormigón armado, especialmente utilizado en sus comienzos en la construcción de depósitos, puentes y obras de ingeniería. Una variante del hormigón armado es el hormigón pretensado, cuyas armaduras metálicas han sido previamente tensadas para que lo compriman. Otras variedades del hormigón son el apisonado, amasado con poca agua y que una vez colocado en la obra es sometido a un apisonado; el colado, de consistencia muy fluida, que puede deslizarse fácilmente; el de escoria, en el que, además de cemento se mezcla escoria de carbón de coque; de pómez, poco pesado, utilizado para rellenos muy ligeros, con gravilla de piedra pómez; plástico, de consistencia media, es el más usado en las construcciones en las que se utiliza el hormigón armado, entre otros.

Entre los materiales metálicos más utilizados en la construcción sobresale el hierro. Ya lo utilizaban los griegos como material auxiliar, (grapas para reforzar las uniones entre sillares o almas para unir los tambores de las columnas...), y durante el Renacimiento en forma de tirantes para reforzar las delicadas arquerías cuatrocentistas. Pero el uso sistemático del hierro llega en el siglo XIX, en el que materiales que en un principio sólo fueron considerados en función de su utilidad y estuvieron ligados al mundo de la ingeniería recibieron un nuevo tratamiento, una nueva consideración, que les confirió rango artístico. Los tipos de hierros utilizados en construcción son muy numerosos. Algunos de ellos son conocidos por el nombre del tratamiento que han recibido y que les confiere unas determinadas características, como el hierro galvanizado, el forjado, el fundido, el dulce..., o bien reciben el nombre de la forma que presentan y que determina la función que adoptan dentro de la construcción: es el caso del hierro doble te, del laminado, del hexagonal o del denominado Isteg, o hierro especial para el hormigón armado, que se forma torciendo sobre sí mismas dos varillas de hierro de sección circular.
Otro metal de gran uso es el acero, que lo utilizó por primera vez la Escuela de Chicago y desde entonces se usa con frecuencia, al igual que el aluminio, el cobre, etc.

Entre los materiales orgánicos hallamos la madera, el corcho, las cañas, las cuerdas... La madera es el principal material constructivo en aquellas regiones en las que la piedra escasea. Dada su abundancia, es muy utilizada en el norte del continente europeo, en los Estados Unidos y en Canadá, mientras que en el resto de los países occidentales su uso suele limitarse al entibado, a los andamiajes y a la carpintería. Sus niveles de plasticidad y resistencia la hacen fácil de trabajar y su carácter aislante sólo tiene una contrapartida en el peligro de incendios. Los tipos de madera utilizados en arquitectura, además de distinguirse por su origen, lo hacen por la forma en que han sido cortados o por sus características al trabajarlos. Así podemos hablar de madera de hilo, la que puede trabajarse por las cuatro caras; cañiza, la que tiene la veta a lo largo; de raja, la que se obtiene por desgaje en el sentido de las fibras; repelosa, la de fibras retorcidas... etc. Es sabido que los orígenes de la arquitectura son lignarios, así como conocida la versión que afirma que las formas pétreas de los templos griegos tienen su origen en las antiguas partes de los mismos realizadas en madera (columnas = troncos; triglifos = extremos de las vigas de madera; gotas = clavos...).

Resta una breve referencia a los materiales plásticos, los últimos en introducirse en el campo de la arquitectura. Son sustancias de origen generalmente orgánico, producidas por medios químicos, capaces de adquirir forma por el calor y la presión, conservándola después y alcanzando elevados niveles de resistencia mecánica. Existen dos clases básicas de plásticos: las termoestables, que una vez moldeadas por calor y presión no pueden volver a reformarse por el mismo proceso, y las termoplásticas, que sí permiten una nueva transformación. Estas características unidas al aislamiento térmico y acústico que pueden proporcionar, los hacen muy indicados para la construcción.
Entre los materiales utilizados habitualmente en la ornamentación hallamos los estucos y los enlucidos, las yeserías o yeso tallado, los mosaicos, las porcelanas, los placadosenlucido es un revestimiento de mortero, de cemento o de cal que se aplica a muros y techos como acabado. Las yeserías son decoraciones talladas sobre una capa de yeso ya seca.
Hasta la segunda mitad del siglo XIX, con el advenimiento de una arquitectura más sincera, que no temía dejar al descubierto sus materiales constructivos, fuesen cuales fueren, los materiales decorativos mencionados se utilizaban únicamente con el fin de ocultar un material estructural o constructivo considerado como poco noble o conveniente.
En la elección de los materiales, el artista tendrá que considerar, además de las cualidades que lo hagan apto para la función a que se destine, el punto de acabado correcto que exige cada material, así como el grado y la calidad de la luz que incidirá sobre él. Éstas son consideraciones de cariz escultórico válidas para la arquitectura, en cuanto que ésta utiliza materiales que deben ser tratados en superficie como si de esculturas se tratara.



(piedra artificial, cerámicas, vidrios...); de piedra o madera entre otros. Entre los revestimientos más sencillos debemos citar el estuco, material preparado con tiza, aceite de linaza y cola que se aplica como revestimiento decorativo, puesto que, una vez seco, puede tallarse, dorarse o pintarse. Una variedad del estuco es el de mármol, pasta formada con cemento, cal o yeso, colorante y cola que se utiliza para revestimientos que pretendan imitar el mármol.


APAREJO INGLES APAREJO DIATONICO

APAREJO GOTICO APAREJO BELGA

APAREJO CICLOPEO APAREJO POLIGONAL

APAREJO ROMANO APAREJO ISODOMO
APAREJO DE ESPIGA APAREJO RETICULAR
APAREJO HOLANDES APAREJO EMPLECTON
APAREJO DE TRAVES APAREJO PSEUD ISODOMO


Aparejo es la forma en que se distribuyen los sillares o ladrillos de un muro. Según la obra a la que va destinado, el aparejo tomará una u otra disposición, ajustándose al material, forma y proporciones. Según la disposición de los sillares diremos que están a tizón, cuando su magnitud mayor es perpendicular al paramento; a soga, cuando aquélla está dispuesta en paralelo al muro; a sardinel, cuando los sillares están asentados de canto y adosados por sus caras mayores, etc.
Sistemas

Existen diversas formas de construir, según el tiempo y el lugar. La forma de construir depende del nivel tecnológico de la sociedad que construye y de las necesidades que esa sociedad manifiesta. En cualquier caso, el sistema constructivo utilizado por una comunidad refleja parte de su personalidad, puesto que al construir se pretende transformar el medio natural en un medio artificial, adaptado a las necesidades del hombre, y el proceso de transformación revela las necesidades a cuya solución conduce.
Según John Gloac, desde que el hombre abandonó el refugio que le brindaba la caverna hasta hoy, han ocurrido tres descubrimientos estructurales que han dado lugar a la aparición de otras tantas maneras de construir, a tres sistemas constructivos diferentes. En primer lugar, el hombre observó que dos elementos verticales pueden soportar un tercero horizontal y de aquí se derivó la arquitectura adintelada o arquitrabada, construida a base de pies derechos y dinteles o arquitrabes. El segundo descubrimiento fue el arco, del que nació la arquitectura abovedada. El arco permite salvar grandes espacios sin apoyos intermedios y transmitir el peso de grandes masas de piedra, por trayectoria curva, hacia las paredes y los contrafuertes. Tanto en el sistema adintelado como en el abovedado, los edificios son sustentados casi completamente por paredes o pilares que les dan una robusta estructura externa. El tercer descubrimiento cambió esta estructura externa, a modo de caparazón de crustáceo, por una estructura interna que convierte el organismo arquitectónico en vertebrado. El advenimiento del hierro, del acero y de las modernas variedades del hormigón, representó la posibilidad de dotar al edificio de un esqueleto interno
El sistema adintelado, basado en el dintel y la columna o pie derecho, es el más antiguo. Su origen se halla en la arquitectura lignaria de la que no nos quedan testimonios. Las primeras muestras de arquitectura adintelada pétrea la encontramos en los dólmenes prehistóricos, en los que grandes losas de piedra verticales sostenían otras colocadas horizontalmente sobre ellas. Si la distancia entre las piedras verticales era demasiado amplia para una única losa, se realizaba la denominada falsa bóveda por el procedimiento de aproximación de hiladas: cada hilada de piedras está en saledizo con respecto a la inferior; así, dos muros paralelos en su base llegarán a tocarse en su parte alta.
También Egipto utilizó el sistema adintelado en sus grandes obras. Al igual que en la arquitectura megalítica, la elevación de los dinteles para su colocación representaba considerables dificultades: se realizaba mediante rampas de tierra, que se retiraban posteriormente. Grecia llevó el sistema adintelado a su perfección. Los bloques de piedra eran extraídos de la cantera y transportados a la obra, donde se acababan de tallar y sólo se pulimentaban una vez estaban colocados en su emplazamiento definitivo. Si bien se conocían los materiales aglomerantes, se prefirió reservar el perfecto ajuste de los sillares de los edificios a una idónea labor de esterotomía que aseguraba su solidez. La gran aportación griega a la arquitectura son los tres órdenes clásicos: dórico, jónico y corintio, u ordenaciones de las diversas partes del soporte y de la cubierta de los edificios. La cubierta de las construcciones adinteladas griegas es, obviamente, plana, si bien solía estar protegida por un tejado de doble vertiente. A lo largo de la historia de la arquitectura occidental el sistema adintelado coexiste con el abovedado, sin llegar a ser sustituido totalmente en ningún momento. Con el Neoclasicismo el sistema adintelado experimenta un notable resurgimiento formal pero que a nivel estructural carece de interés.
Dentro del sistema adintelado hemos de incluir la arquitectura del siglo XIX, que utiliza pies derechos y vigas de hierro, así como las actuales estructuras de hormigón armado. Pero, si bien estructuralmente podemos convenir que corresponden a un mismo principio, sus especiales cualidades y características posibilitan, y de hecho propician, soluciones absolutamente nuevas y por ello los trataremos más adelante. Otro sistema que sí podemos considerar una variedad del adintelado es el de los muros de carga, método mucho más económico, usado en especial en la arquitectura popular doméstica.

El sistema abovedado tiene su base en el arco o elemento sustentante de forma curva destinado a salvar un espacio más o menos grande, formado por dovelas o piedras talladas en forma de cuña, generalmente en número impar, que originan empujes laterales y desvían la carga vertical que soportan hacia los puntos de apoyo del arco o impostas. Partes básicas del arco son la luz, o dimensión horizontal máxima del mismo por su parte interior; la flecha, altura del arco desde su línea de arranque hasta la clave o dovela central del arco; el punto, lugar donde se unen la flecha y la luz de un arco; el arranque del arco o punto de transición entre el muro o la jamba y el arco; la línea de arranque es la recta que une los dos arranques del arco; el intradós es la superficie interior, cóncava, del arco, mientras que el extradós es la superficie convexa o exterior del mismo, siendo la línea formada por la parte alta de las dovelas.
El arco básico es el denominado de medio punto, también denominado formarete, que está formado por un medio círculo, con su centro en la línea de arranque. Existe una gran variedad de arcosos, tomando el nombre de su forma, de su función o de la forrma en que ha sido trazado. Así, algunos tipos de arco según su forma son: el arco ojival o apuntado, formado por dos arcos de medio punto que se cortan en la clave; el arco de herradura, típica forma árabe, es mayor que una semicircunferencia y su flecha es mayor que la semiluz; el peraltado, es un arco de semicírculo, cuya flecha o altura es mayor que la semiluz; el arco rebajado, o escarzano, tiene la flecha menor que la semiluz, etc. Diferenciándose por su función podemos señalar, entre otros muchos, los siguientes: el arco fajón, es el que sobresale del intradós de una bóveda, siendo perpendicular al sentido de la misma; el arco formero, es el que se halla en la intersección de una bóveda con el muro, es perpendicular al fajón; el arco de descarga, es el que se construye sobre un dintel para descargarlo del peso del muro; el arco toral, es el nombre de cada uno de los cuatro arcos sobre los que descansa una cúpula, o el del arco que, en una nave formada por bóvedas de arista o crucería, y perpendicular eje de ésta, separa dos bóvedas contiguas, etc. Por su trazado, podemos mencionar: el arco carpanel, el que teniendo forma de elipse se traza mediante una serie de arcos de circunferencia, cuyos centros son en número impar; el arco conopial, o arco apuntado cuyas ramas imitan la forma de un talón; el arco elíptico, es el formado por una semielipse, conocido también con el nombre de arco del hilo, debido al sistema del que se valían antiguamente para su trazado, etcétera.
Una bóveda es una obra de fábrica, de forma arqueada, cuya misión consiste en cubrir un espacio comprendido entre dos muros o soportes, creando un techo o una cubierta. Sus formas pueden ser múltiples, derivándose todas ellas de las dos fundamentales: la cilíndrica y la esférica. La bóveda de cañón es la más simple y es la generada por un arco directriz de medio punto, dando como resultado una bóveda de sección semicircular. Por extensión todas las bóvedas que se consideran generadas por un arco directriz, sea rebajado, carpanel, ojival, etc. dan lugar a las denominadas bóvedas de cañón seguido. Otros tipos de bóvedas son: la bóveda de arista, formada por la intersección de dos bóvedas de medio cañón, que al seccionarse forman cuatro aristas sobresalientes; la bóveda de crucería, es la derivada de la bóveda de arista, formada por cruce de arcos diagonales y nervios secundarios que se ornamenta con molduras; la bóveda vaída, la que formaría una semiesfera cortada por cuatro planos verticales dando lugar a una bóveda esférica sobre una planta cuadrada; la bóveda esférica, o bóveda de revolución, generada por un arco de medio punto que gira sobre su propio eje vertical, originando una cúpula de media naranja o semiesférica, etc.;
Los arcos y las bóvedas de piedra o ladrillo se deben construir con la ayuda de una cimbra, estructura desmontable de madera que sólo puede ser retirada cuando la estructura ha sido terminada, con la colocación de la clave o dovela central.
En sus orígenes, el sistema abovedado está ligado a la arquitectura de ladrillo aparecida en el Oriente Próximo, territorio en el que la escasez de piedra y de bosques obligó a la búsqueda de nuevas soluciones. Roma tomó el sistema abovedado de los etruscos, pueblo de procedencia oriental, y lo usó para cubrir impresionantes espacios. A nivel técnico hay que destacar el uso que los romanos hicieron del hormigón aplicado a arcos y bóvedas, haciendo posible, y de hecho propiciando, la construcción de grandes volúmenes arquitectónicos, intencionadamente representativos del poder y de la magnificencia romanos.
Tras Roma, Bizancio continuó el desarrollo de la arquitectura de arcos y bóvedas, transmitiéndola, a su vez, a una extensa área oriental, En Occidente, la caída de Roma coincide con la ascensión del Cristianismo y con la concretización de sus necesidades. Una de ellas, y no la menos importante, era crear espacios adecuados para la reunión de los fieles para escuchar la palabra de Dios. La planta elegida fue la de las basílicas romanas, edificios longitudinales, de tres naves, más alta la central, con ábsides en los extremos menores. Por otro lado, el proyecto germánico del Sacro Imperio desembocó en la creación de una nueva arquitectura, basada en la revisión del mundo clásico romano y de sus sistemas constructivos. La suma de estos elementos dio lugar a la aparición del Románico hacia el año 1000.
La arquitectura románica utilizó el sistema abovedado. En sus cubiertas utilizaba la bóveda de medio cañón con arcos fajones. Cada arco fajón se corresponde en el exterior con un contrafuerte, que es el encargado de soportar las tensiones constructivas. En las zonas situadas entre los contrafuertes, y libres por tanto de empujes constructivos, se podían abrir ventanas. En los exteriores románicos encontramos columnas cuyas proporciones nada tienen en común con las clásicas, con fustes lisos y capiteles historiados o decorados con temas vegetales. Los soportes del interior de los templos, que reciben el empuje de los arcos fajones de la bóveda y de los arcos formeros o divisorios de las naves, deben aumentar su resistencia, por lo que acaban convirtiéndose en pilares de base cruciforme. Consolidada la arquitectura románica sobre estos principios, su evolución hacia la gótica será rápida.
El Gótico presenta evidentes diferencias con respecto al Románico: una diferente articulación espacial, una mayor número de aberturas, y la aparición en definitiva de un sistema que, si bien debe ser considerado dentro del denominado abovedado, presenta la peculiaridad de articularse a través de nervios y líneas de fuerza. El elemento sustentante del edificio gótico es el pilar, Un pilar constituido por un núcleo central, que puede ser circular o cuadrangular de hormigón, recubierto de piedra, y unas columnas adosadas que, cuando son muy finas, se denominan baquetones. Si el arco típico de la arquitectura románica era el denominado de medio punto, en la gótica es. el arco ería. El punto donde se cruzan los nervios de los arcos que forman una bóveda se llama clave, y el relleno de las mismas denomina plementería. Los robustos contrafuertes del Románico se aligeran por la introducción del sistema gótico de arbotantes que, trasladando los empujes de las cargas más allá de los muros del edificio, posibilita que éstos puedan hacerse más ligeros, presentar más y mayores aberturas: es el nacimiento de las grandes vidrieras.
En el Renacimiento las formas retornadas del mundo clásico sustituyen a las propias del período gótico. A nivel estructural, ni el Renacimiento ni el Barroco aportan avances tecnológicos significativos.
La arquitectura basada en las líneas de fuerza, como la gótica, resurge en el siglo XIX con el advenimiento del hierro y de la ingeniería por una parte, y con la aparición del Neogótico por otra. Las nuevas construcciones, como el Cristal Palace (1851) o la torre Eiffel (1889), son una clara muestra de las posibilidades de los nuevos materiales aplicados a la vieja teoría de las líneas de fuerza.

Al comenzar este capítulo mencionábamos tres descubrimientos estructurales de la humanidad: hemos visto los dos primeros, adintelado y abovedado; veamos ahora el tercero. Nos referimos a la arquitectura nacida del uso de nuevos materiales, y muy especialmente del hormigón armado que permite crear un esqueleto interno para el edificio, al tiempo que propicia la creación de voladizos que enriquecen las posibilidades compositivas en planta y en volumen. Al concentrarse los empujes en el esqueleto interior los muros exteriores no tienen otra razón de ser que la de acotar límites al espacio interior. Libres de cualquier función sustentante, los muros pueden convertirse en ligeras mamparas de vidrio, muros-cortina, y adoptar cualquier forma deseada. Junto a las posibilidades derivadas del uso de los nuevos materiales, deben destacarse los hallazgos realizados en el campo de los sistemas prefabricados, entendiendo como tales no sólo aquellos elementos constructivos realizados fuera de la obra, que serían prácticamente todos, sino al montaje en la misma de grandes paneles que se ensamblan como elementos de fachada, suelo, techo, etc. Otra variedad dentro del capítulo de los prefabricados es la que trabaja con elementos tridimensionales o «cajas» de hormigón, de fibra de vidrio, etc. que se van armando con la ayuda de grúas para formar un edificio. El mayor costo de estos sistemas reside hoy en el transporte y el montaje, tanto en la mano de obra como en la maquinaria necesaria para ello.

y de crear audaces voladizos, con las transformaciones que todo ello conlleva.

Un arco es una construcción de forma curva que cubre un espacio entre dos pilares. Está formado por dovelas o piedras talladas en forma de cuña. La dovela central recibe el nombre de clave. El ancho del arco se llama luz, mientras que la altura o línea perpendicular trazada desde la línea de arranque del arco hasta la clave, se denomina flecha.

Arco apanelado

Arco adintelado

Arco carpanel de tres centros

Arco carpanel de cinco centros

Arco angular

Arco de herradura

Arco en gola

Arco elíptico peraltado

Arco festoneado

Arco deprimido

Arco túmido

Arco por tranquil

Arco conopial o falamígero

Arco elíptico rebajado

Arco ojival

Arco angrelado

Bóveda de arista

Bóveda nervada

Bóveda de claustro

Bóveda vaida


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